miércoles, 4 de mayo de 2011

La odisea del cruce a Panamá.



Recomiendo como ya lo hice alguna vez, usar el buscador de imagenes mientras lean la entrada, hay solo dos fotos de este tramo y bien vale la pena ver para tener una mejor idea de los lugares.

Ahora si, en Cartagena de Indias era donde tendría que buscar la manera de esto que tantas veces leí y releí cuando planeaba el viaje hace un tiempo ya. Había llegado el momento de hacerlo yo mismo: cruzar a Panamá. Ahora, aclaremos una cosa antes de seguir, hacer esto es realmente muy fácil siempre y cuando se den un par de condiciones, a saber: en primer lugar, tener el dinero suficiente como para que justamente lo económico no sea un inconveniente y, segundo, no tener una moto (o cualquier otro vehiculo motorizado) a cuestas la cual también tengas que cruzar. En realidad una cosa hace a la otra, si contás con el efectivo poco importa si tenes que cruzar con una moto o una casa rodante, en definitiva el dinero pone el mundo a andar y aceita cualquier engranaje. A lo que iba, como en mi caso no se daban ninguna de las dos premisas que mencione, la cosa se complicaba y bastante. 

Empecé por recorrer el club náutico y el club de pesca, desde donde generalmente salen veleros a Puerto Colón. Enseguida los precios que me tiran me sobrepasan por largo, no esta en mis posibilidades ni tampoco dentro de lo que me parece razonable pagar lo que me piden. Obligadamente descartadas estas opciones, busque en los otros puertos, desde donde salen los barcos mercantes. Al ver estos barquitos no me inspiraron ninguna confianza, parecían desarmarse con solo mirarlos fuerte.

Los días que estuve en Cartagena me instale en el Cuartel de Bomberos, ya lo había hecho en Buga hace un mes atrás, por la ubicación y la buena onda del lugar era la mejor opción, me termine quedando unos cinco días, de paso resolví algunas cuestiones laborales que económicamente me ayudaría muchísimo a lo que se venía. 
La ciudad amurallada, de la cual tenia una vista hermosa desde el cuartel, pude recorrerla varias veces a primerísima hora del día, momento en que no hay nadie en las calles y de verdad que es un privilegio hacer esto, caminar solo por sus callecitas, sentir el derroche de historia que tiene este lugar. Ya entrada la mañana la cosa cambia un tanto, el bullicio, igual al de cualquier otra ciudad turística inunda las calles, la experiencia pasa a ser otra, muy diferente.



Pero pueden surgir imponderables...

Salí de Cartagena con la idea de llegar a Turbo en el día, o al menos arrimarme, sin mapa y mucho menos a esta altura el GPS, solo tenia anotado en un papelito los pueblos por los que tenia que pasar para no desviarme y terminar vaya a saber donde. Como se estarán imaginando y por mucho que me empeñe en evitarlo en un momento le erré al camino y en un reten policial (como los hay en todas las rutas colombianas) pude darme cuenta que estaba yendo a cualquier lado. Lo malo no fue esto, no eran mas de quince minutos los que tendría que volver, lo realmente malo fue que volviendo sobre mis pasos me la puse contra un camión desde atrás, que de forma muy imprudente se había parado en la carretera saliendo de una curva. Los treinta o cuarenta metros que separaban la mula de la salida de esta curva no me alcanzaron para llegar a frenar del todo, la banquina no era una opción, mucho menos pasarme a la otra mano, en fin, desenlace cantado. Es muy curioso como en ese ultimo segundo antes de chocar (o caer en casos anteriores) tengo tiempo para pensar en un montón de cosas, y no hablo de ver pasar mi vida como una película, nada de eso, me refiero a que llego a pensar y decidir que hacer para que el choque o caída sea lo menos perjudicial posible, es decir, pude analizar que no convenía la banquina, tampoco la otra calzada, a todo esto mis cuatro miembros hacían lo posible para parar la moto (frenos, embrague y cambios) mientras tanto ya pensaba en como acomodarme para golpearme lo menos posible en lo que ya sabia que era inevitable. El resultado: guardabarros roto, rueda delantera “abananada”, espejos rotos, manubrio al borde del quiebre (esta vez de ambos lados), luz delantera rota y los amortiguadores delanteros no sonaban bien. En cuanto a mi, algunos raspones y un poco de dolor en una pierna. Por suerte (no se porque siempre tengo un poco de suerte) toda esta cuestión se dio frente a una casita (la única que había en muchos kilómetros). Me guardaron la moto mientras lleve a arreglar la rueda, sabia que no estaba de mas aprender, en buenos aires, a centrar la llanta y si bien tenia una idea básica, no me anime a hacerlo yo mismo, había quedado muy deformada. 
En toda esta joda se me fueron varias horas y unos cuantos billetes. Todavía maldiciendo al camionero salí de nuevo a la ruta, con suerte llegaría a Montería antes que termine el día. Efectivamente llegué ya casi cayendo el atardecer. Otra vez bomberos. A esta altura lo único que quería era estar en Turbo y tratar de resolver el cruce lo antes posible. Al otro dia, amanecer y desayuno de rutina rutera: té, galletas y alguna fruta. Cuatro horas y una carretera en pesimo estado me separaban de ese puerto.




De que hablamos cuando decimos "cruzar a Panamá"?

Que puedo decir de Turbo?, Marcelo (motochileros) ya me había advertido que era un lugar bastante feo, típico puerto, típico lugar de salida, lugar de paso, calor insoportable, suciedad por donde se mire, el sector del puerto no tiene nada que envidiarle al riachuelo porteño (bs. as.). 
Apenas llegue empecé a dar vueltas por donde paran los barcos que salen para Panamá y los últimos pueblos colombianos. Los que salen a San Blas estaban todos en viaje, tardarían varios días en volver y otra buena cantidad en salir nuevamente, solo quedan los que a lo sumo llegan hasta Capurganá o Zapsurro. En seguida hice onda con el capitán del Sin Fronteras, Libardo, que me dice que lo espere hasta el día siguiente para decirme si puede cargarme la moto, esta esperando una carga de mercadería, me dice que esta dispuesto a colaborarme, buen dato.
Otra de las cosas que me había dicho Marcelo era que podía parar en los bomberos si era necesario, ahí fui. Casi no había lugar ni siquiera para armar la carpa. Al otro día y después de analizar un montón de posibilidades de cruce, entre ellas, mandarla en buque directo a Colón o meterme en la trocha que sale de Acandí (Colombia) hacia Yaviza (Panamá). Confieso que esto ultimo lo pensé seriamente, la cuestión de esta segunda opción es que hay que meterse por el monte selvático que son las serranías del Darién, lo peor de este camino al margen de lo dificultoso del tramo en cuanto al terreno son los peligros que en esta zona son efectivamente ciertos, paramilitares, grupos de extrema derecha… en fin, no es gente muy amigable que digamos. Estando en turbo me llegaron a ofrecer llevarme por este camino por 150 dólares (empezaron pidiéndome 400) cuando les dije que estaba con la Rojita fueron sinceros y me dijeron que con la moto pasar por ahí es imposible.

La ruta panamericana, que une el sur Argentino con Alaska, se corta al llegar al norte colombiano para arrancar nuevamente en Yaviza, Panamá, según se dice, las razones mas importantes tienen que ver con cuestiones ambientales y de preservación de ecosistemas, suena lógico… hasta ahí nomás. Por otra parte esta el tema del narcotráfico, podríamos charlar un rato largo hablando de esto. Los intereses políticos y económicos sobre el control del trafico de drogas hacia Estados Unidos es mucho mas fuerte que cualquier tema ambiental y bien sabemos que la clandestinidad es siempre mejor negocio, es decir, mucho mejor tener el camino “cortado” (negocio de pocos) que abierto y como bien dice Calle 13 “compartir los dulces de la piñata”. No me voy a extender mucho más en este tema, todos los caminos siempre conducen a la corrupción política.

Al segundo día en Turbo ya estaba que me tiraba a cruzar a nado, quería irme cuanto antes, la situación era bastante estresante, de aquí para allá, llamando por teléfono a algunos contactos que me habían pasado y otros que me iba enterando ahí mismo, averiguando, chamuyando, tirando líneas, todo esto mientras el sol achicharraba a cualquier ser viviente que se pusiera bajo sus rayos. Libardo me confirmo que me llevaba la moto, por solo 25 dólares, un golazo. Más rápido que ligero hice el trámite de salida por aduana y lleve la Rojita al Sin Fronteras, todavía me quedaba cambiar el dinero colombiano a dólares calculando lo que todavía tenia que gastar y no quedarme con pesos Colombianos al pasar a Panamá. Era viernes, me prometía que la moto estaría en Capurganá el domingo al mediodía, nada mal. Confieso que me costo mucho separarme de La Rojita, después de tantos meses donde prácticamente no le quite la vista de encima pasamos a ser uno solo, casi literalmente, hice todo lo posible para que crucemos juntos, pero la salida de Turbo esta bastante controlada (al menos los barcos mercantes), no esta permitido el embarque de pasajeros ajenos a la tripulación de estos barcos, por un momento, Libardo, comprendiendo que no me agradaba nada separarme de la moto, me dijo que haría lo posible por llevarme a mi también. De todas formas, como me inspiro bastante confianza me di cuenta que para evitar problemas lo mejor seria irme aparte.

El sábado temprano me tome esa especie de colectivo acuático que son las pangas, tardó unas 4 horas, me moje todo, por suerte la mochila y la guitarra llegaron bien.
El paisaje saliendo de la bahía de Caráquez (Turbo) es impactante, el caribe a un lado y las impenetrables serranías del Darién al otro mientras el cambio de color del agua es constante, perdí la cuenta en un rato, pero calculo que habrán sido unos 6 o 7 colores bien diferentes, desde el negro empetrolado del puerto hasta un verde esmeralda, pasando por todo tipo de marrones y azules.



Esperando La Rojita.

En Capurganá, sinceramente no hay mucho para hacer, en mi caso solo esperar que llegue Libardo con La Rojita a bordo del Sin Fronteras. En este pueblo la luz viene a las 9 de la mañana, se corta de 8 a 10 de la noche y después de las 2 a.m nuevamente. Entre tanto corte de energía lo mejor es ir a tirarse panza arriba en la arena y disfrutar de sus aguas. Armé la carpa en un campito cerca de la playa y me senté a esperar, guitarreando frente al mar, así pasaba las horas en mi ultimo pueblo Colombiano.
Mientras tanto, para ganar tiempo y empezar a negociar precio empecé a hablar con los lancheros para ver si se podía y cuanto me costaba llevar La Rojita a Puerto Obaldía, lugar donde tendría que hacer Aduana y Migración del lado Panameño y del que me habían hablado pestes.
El domingo apareció, desde lo lejos, Libardo con el Sin Fronteras, y con la moto ya en tierra tenia casi resuelto el transporte hacia el lado panameño, pero recién para el lunes.
Hice migración de salida, gaste los últimos pesos Colombianos en algunas provisiones para los próximos días, hay que tener en cuenta que todos estos estan pueblos bastante alejados y aislados, y muchas veces conseguir algo tan básico como un pan o galletas es poco menos que complicado y más teniendo en cuenta que no sabia cuando iba a poder salir del próximo puerto y muchísimo menos aun cuando iba a estar en carretera de nuevo del lado panameño.
Cargar la moto en Capurganá no fue precisamente de los mejores momentos que viví en este ultimo tiempo, el mar bastante agitado, la diferencia de nivel entre el castigado muelle de madera y la minilancha que con algo más que suerte me llevaría hasta Obaldía, el peso mismo de la moto y todo el equipaje… en fin, por momentos imaginaba a La Rojita perdiéndose en el fondo del mar. Fueron los minutos más largos al menos, de este viaje. El tramo Capurganá-Puerto Obaldía no demora más de media hora en la que atraviesa las playas de Zapsurro y la Miel, el paraíso mismo, el color del agua, la transparencia que deja ver perfectamente el fondo, el color de la arena, las palmeras…
Lamentablemente no podía quedarme ahí, mi lugar de bajada era bastante diferente a todo esto. Puerto Obaldía es básicamente una base militar, con un pequeño pueblo alrededor, poco y nada para hacer, por suerte había Internet (carísimo) y me pude conectar un rato para avisar que por el momento venia todo bien. Por solo unos minutos se me fue un barco que salía para Colon, me venia de diez, pero no me daba el tiempo para hacer todo el tramiterío y cargar la moto, una lastima. Tuve que acampar una noche ahí, ya no me soportaba, en Capurganá no me había podido bañar, no había agua, acá menos, ni siquiera tenia baño a disposición, me arme de paciencia y espere al otro día a ver si el barco que estaba anclado en el muelle salía.




Subí que te llevo.
El Rey Emmanuel con La Rojita a bordo.

Efectivamente el Rey Emmanuel, barco mercante que sale de Puerto Obaldía y recorre toda la zona de las islas de San Blas, tenia fecha y hora de salida para ese día así que La Rojita y yo hicimos abordaje, según me dijeron tardaríamos unos cuatro o cinco días, (que al final fueron seis) para llegar a Miramar, un pequeño pueblo con puerto antes de Portobelo y desde el que podría continuar por ruta.
El Rey Emmanuel va recorriendo las islas habitadas por la comunidad Kuna Yala, originaria de estos lugares, que mantienen su lengua, costumbres, hasta podría decirse que sus propias leyes. Claro que a pesar de todo esto también están invadidos por coca-cola, direct tv, telefonías celulares y por supuesto, el esclavizante dólar.
En una de estas islas, mientras recorría los pasillos, paré en una casita a comprar algo para tomar, esperaba algo así como un batido, no se, algo de frutas, algo que tenga que ver con el lugar en donde estábamos, un cartelito escrito a mano anunciaba “Sodas a 0,50”, pedí una. Me trajeron una botellita de gaseosa cola. Me pareció una situación por poco ridícula, estaba en una isla en pleno mar caribe en la que fácilmente te sentís como 200 o 300 años atrás y yo ahí tomando una pep… O sea, en estas islas, en las que podes ver claramente los rasgos indígenas latinoamericanos como en pocos lugares, ropas típicas, dialecto propio y donde se vive de la forma más precaria (a nuestra mirada) y con lo básico, la tele, la cerveza, la gaseosa y el teléfono celular no faltan en ninguna casa. Me vino a la cabeza algo que ya había sentido hace unos meses en Bolivia y por momentos también en Perú, es decir, de que se trata todo esto? Pobreza? Cultura? Falta de cultura? Devastación de su cultura en complicidad con los propios afectados? Es extraño ver cosas tan extremas y disonantes como son algunas de las cosas que mencione (chozas de caña y piso de arena cobijando un lujoso televisor 29 pulgadas), creo que los espejitos de colores aun siguen siendo el boleto de entrada para la globalización y el consumismo, la nefasta cultura yanqui sigue haciendo estragos en las pocas comunidades que aun mantienen viva algo de su cultura.
En el Rey Emmanuel, al atardecer anclados en
una de las islas de San Blas.
Volviendo a los barcos mercantes, para que se den una idea, en esta zona son embarcaciones de unos 12 mts de largo por 4 de ancho, van dejando mercadería, víveres y algunos recolectan cocos y bananos que llevan a Cartagena, Turbo, Barranquilla y Coveñas, todos estos, puertos colombianos.
Cada atardecer anclábamos en una isla Kuna a pasar la noche para continuar navegando al otro día a primera hora. La tripulación del Rey Emanuel, como muchos otros mercantes que hacen el mismo recorrido, esta formada por: el dueño del barco, el capitán, un cocinero, un mecánico, tres ayudantes y en este caso, La Rojita y yo. Pasé seis días navegando por pleno mar caribe, a puro arroz, frijoles, sardinas, plátanos y pescado frito. Cuando digo “a puro…” es literal, desayuno, almuerzo y cena era exactamente el mismo menú. Mientras contemplaba el mar y algunas de las 365 islas recargadas de cocos, arenas blancas y aguas turquesas, algún que otro delfín cada tanto aparecía a nuestro lado y nos acompañaba durante unos minutos. Creo que todo lo que costo y sufrí los días anteriores tratando de encontrar la manera de cruzar se recompenso sobradamente navegando.
El ultimo día navegando, antes de llegar al control migratorio de la isla El Porvenir, nos topamos con una tormenta que hizo por momentos bastante incomoda y tensa la situación, interesante experiencia si, pero a esa altura del viaje (en barco) lo único que quería era por fin volver a tierra firme.
Llegamos entrada la tarde al puerto de Miramar, el cielo amenazaba lluvia y el pueblo ofrecía muy poco o más justo seria decir nada. Nuevamente pasamos por un control de migración, bajamos la moto al muelle… y ahora si, la sensación de haber pasado, de estar del otro lado, de haber logrado algo por lo menos, complicado, una especie de satisfacción mezclada con incertidumbre, con todo un nuevo viaje por delante, con muchísimo por hacer, ver, vivir y con poquísimo en mi bolsillo… en fin, el tema del dinero a partir de ahora pasaria a ser central, pero eso y algunas otras cosas más te las cuento en la proxima entrada.

9 comentarios:

  1. Im... pre... sio... nan... te!!! lo contas todo de una forma que es casi como estar ahí, pero con todas las comodidades de estar acá, nos haces acompañarte con este relato man, fuerza loco un abrazo grande!!!

    Mencia

    ResponderEliminar
  2. buena sebastian, muy buen relato

    te cuento que te sigo los pasos arriba de mi bros

    saludos desde popayan
    federico

    pd: avisa si necesitas data de centroamerica

    ResponderEliminar
  3. Mencia, es mi forma de compartirles, me alegro que lo disfrutes chabon.
    Abrazo grande maquina de rock!

    sebas...

    ResponderEliminar
  4. Fede, voy siguiendo tu blog tambien, pero veo que actualizaste un monton estos dias, buena loco!

    sebas...

    ResponderEliminar
  5. wao q buen relato. me tope con tu blog averiguando como cruzar de panamá a colombia por vía marítima y realmente me situé en cada uno de los escenarios que aquí describes ya que tengo rato (como 1 hora) averiguando todos los puntos para llegar a mi destino en colombia. Felicidades seguiré leyendo tu blog jeje saludos. Un est d ingenieria venezolano viviendo en panama. Buena música por cierto.

    ResponderEliminar
  6. Ricardo, si te falta data para el cruce escribime al mail y te cuento con mas detalle.

    Saludos!

    sebas...

    ResponderEliminar
  7. Hola Sebastian!

    Ahora estoy en Panamá y quisiera regresar a Colombia por el mar. Crees que para una mujer sola está bien?

    Buen viaje!

    Laura

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Laura, no hay problema con que lo hagas sola. Realmente vale la pena y no es peligroso. Si queres escribime al mail y te cuento con mas detalle.

      Saludos!

      Eliminar
  8. Hey Hola men, mira yo mantengo mas q todo en facebook y pues ya te agregue a mi mail.. esperando a que se conecte y comentarle como es que pienso hacer mi viaje. desde Colombia a Suramerica entrera un Cordial Saludo, Buen remar, Buena Caza, Buenos Vientos.!

    ResponderEliminar